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Laura Restrepo

 

Las caras alternas de Colombia

Elvira Sánchez-Blake

En su última novela, Delirio, Laura Restrepo se arriesga en una nueva estrategia ligüística para lograr un entramado de gran envergadura que refleja la compleja y exasperada realidad colombiana. En un intento que se podría calificar de saramaguista, Restrepo combina tres historias, cada una en un estilo diferente, balanceadas con un malabarismo lleno de sugestión y arrobamiento.

 

Ganadora del premio Alfaguara 2004, Delirio es el retrato por excelencia del mundo devastado de una Colombia que llega al siglo XXI como epítome de la civilización en ciernes. No es a través de una historia triste, ni de un relato oscuro, sino de una pintura  plasmada con tintes de hechizo, magia, pasión y hasta humor, en donde se refleja el desplome de la legitimidad  de la sociedad,  atacada por todos los males del fin de siglo. Con Delirio, Restrepo logra una cúspide de su carrera en su intento de mostrar las caras alternas de  Colombia.

Restrepo afirma que ella nunca se ha enfrentado al conflicto de la página en blanco, pues en Colombia siempre hay historias que lo asaltan a uno por todos lados.  Con esa mira, su escritura es en extremo sensible a los temas sociales y humanos, de ahí su habilidad de encontrar el hilo de un gran argumento en la cotidianidad de la vida colombiana.

Graduada de filosofía y letras con una especialización en Ciencias Políticas de la Universidad de los Andes, la escritora colombiana ha alternado el periodismo, la literatura y la política. Restrepo fue profesora de literatura, pero luego se dedicó a la militancia política apoyando al grupo revolucionario M-19 en la década de los ochenta.  Al mismo tiempo se vinculó con el periodismo y aprendió rápidamente las técnicas del reportaje y la investigación que han sido definitivas en su labor literaria. Por sus nexos políticos, Restrepo se vio obligada a salir exilada a México. Allí publicó su primera novela, La isla de la pasión en 1989, una novela histórica sobre hechos acontecidos en una isla mexicana. En 1993 salió a la luz El leopardo al sol, tras varios años de investigación exhaustiva sobre el tema del narcotráfico, revelando el drama humano, sangriento y macabro que se vive en ese escenario. En 1995 apareció Dulce compañía, novela que fue galardonada con los premios Sor Juana Inés de la Cruz y el premio de la crítica francesa “Prix France Cultura” de 1997. En 1999 publicó La novia oscura, una novela que retrata el conflicto social detrás de las grandes compañías petroleras. Dulce compañía, un relato sobre los barrios marginales de la gran ciudad, fue editada en el año 2000 y La multitud errante,  que retrata el drama de los desplazados  fue editada en el año 2001. Así esta autora ha recorrido los laberintos de los conflictos que golpean a la sociedad colombiana, narrando desde sus entrañas los mecanismos que mueven esta historia a la vez ardua y dolorosa.

El siguiente diálogo con Laura Restrepo tuvo lugar en un Congreso de estudios colombianos en la Universidad de Illinois, Urbana-Champaign. En un estilo sencillo y descomplicado la autora colombiana que ha logrado trascender las fronteras de su país, se refirió a los temas de su escritura:

 

—Escribir en Colombia es un privilegio. Colombia es un país que invita al hecho de escribir porque es un país en muy buena medida inédito. Las historias te saltan; hay un reclamo por parte de la memoria colectiva, casi te pide a gritos que escribas. Y no te estoy diciendo algo abstracto, sino de montones de gente que por las circunstancias específicas tienen que inventarse la vida día a día. No hay colombiano que no tenga una historia digna de ser contada. Por el solo hecho de que hay una Colombia oficial y tantas Colombias clandestinas y otras Colombias secretas y tantas Colombias ocultas. Así que cualquier persona tiene más de una historia: la hoja de vida cuando pide trabajo, la que le cuenta a la mamá, la que le cuenta a los amigos, y toda esa gente tiene una necesidad de sentir que su historia tiene eco, que se entrelaza con historias de otras personas para conformar un todo: esa historia, ya no la individual, sino la colectiva.

El hecho es contar de alguna manera legítima lo vivido. Es como si las cosas flotaran un poco en el vacío hasta tanto que las cuentas.  Es como si el solo hecho de contar, y más si eso es escrito, y más, si es leído, empieza un proceso de decantación de lo que pareciera mera pérdida de energía o mera vivencia individual para convertirse en una vivencia colectiva. Me parece que son momentos épicos los que se viven actualmente en Colombia y que es una oportunidad muy grande para una persona que escribe en Colombia. Hay siempre una recompensa de que sabes que te leen con avidez, y que a través de los libros tienes la posibilidad de servir de espejo para que la gente se vea a sí misma. Es decir, que la persona que escribe en Colombia no tiene síndrome de la hoja en blanco, especialmente si está abierta a lo que transcurre a su alrededor.

—Pero no es fácil para muchos colombianos ver lo que sucede alrededor, cuando la realidad es muchas veces disfrazada o desleída por una prensa, un discurso oficial y un segmento de la población que se rehúsa a ver y a comprender su entorno. Es quizá un reto mayor, atreverse a desentrañarle el mundo, ya que no sólo a los colombianos esa realidad es palpable pero intimidante. Para eso, Restrepo desarrolló las aptitudes de la reportera y de la militante que recorrió los caminos de Colombia:

—Antes de ser escritora trabajé como periodista, y antes de eso hice política durante muchos años, y siento que en el proceso de escribir novelas pervive tanto la persona que hizo política como la periodista. El hecho de escribir pasa por dos fases, la de encerrarme por meses reconcentrada en mis apuntes y mis libros y el computador, pero también pasa por meses de andar afuera, de viajar, averiguar, preguntar, de meterme en las casa de la gente. Eso tiene mucho en común con la tarea del reportero y de la política militante que fue donde aprendí a estar en los barrios, buscar a la gente y tratar de oírlos. El hecho de escribir es una forma de incorporar todos esos aspectos.

—La obra de Laura Restrepo combina así el reportaje con la ficción y el humor desde una visión objetiva y crítica de los conflictos que vive Colombia. Pero es también el retrato desde una perspectiva humana de las pasiones que vive el individuo en cualquier parte del mundo.

—En mis novelas aspiro que estén protagonizadas por individuos claramente delineados. Yo quiero historias donde la colectividad está como telón de fondo, pero donde el personaje o los personajes tengan un peso individual único, que sus acciones sean las suyas, que la coherencia en las diferentes acciones de sus vidas  sea exclusiva de ellos. No me interesan personajes tipos, para nada, pienso que esa es una diferencia con el reportaje.  Lo ambiental me interesa mucho y lo busco como escenario, pero lo esencial son las historias de personas. Finalmente, estás recurriendo a lo personal. A la única persona que conoces es a ti misma y siempre buscas lo arsenal de lo vivido para desentrañar las razones de los demás. Por eso recurres a tu experiencia y a la de los seres a tu alrededor. La gente que te rodea aprende a tenerte miedo porque sabe que tarde o temprano y aunque sea con otro nombre u otro color de pelo, va a parar en los libros.

—Gabriel García Márquez considera que “Restrepo da vida a una singular amalgama entre investigación periodística y creación literaria. Así, la miseria y la violencia que anidan en el corazón de la sociedad colombiana están siempre presentes, pero también lo están en su fascinación por la cultura popular y en el juego de su impecable humorismo, de una ironía a la vez ácida y tierna que salva a sus novelas de toda tentación de patetismo o melodrama, convirtiéndolas en una lectura irrefutablemente placentera.”1 Por su parte, José Saramago, jurado del concurso Alfaguara 2004 que escogió la novela “Delirio” como ganadora, declaró que “Delirio es  una obra completa, en la que caben la tragedia y el humor, las pasiones más bajas y los sentimientos más altruistas, la crueldad y la solidaridad. Delirio es una gran novela como no se encuentran muchas, con un dominio del lenguaje en verdad sorprendente. Cuando la escritura llegó a donde llegó Laura Restrepo, es tiempo para quitarse el sombrero.”2

—Me gusta que las novelas sufran un proceso de decantación en donde las partes del reportaje se van cambiando, complementando y ajustando. Lo mismo pasa con el lenguaje, un aspecto que me interesa muchísimo y que implica ir puliendo aquello, tratando de separarlo de la realidad, intentando conservar una enervadura a través de ciertas directrices que la realidad te da, pero montando sobre aquello una ficción que sea propiamente literaria.

 

  1. Contraportada de la novela La novia Oscura , de Laura Restrepo. Bogotá: Norma, 1999.
  2. José Saramago citado por Satiria en http://www.satiria.com/libros/cultura.