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Lassé Sönderberg

 

 

El sentimiento de lo inconstante

es la base de mi poesía

Eugenia Montalván Colón

 

INTRODUCCIÓN
Varias veces mencionado como candidato al Premio Nobel, traductor de Gonzalo Rojas, Federico García Lorca, Jorge Luis Borges y Octavio Paz, entre otros, y reconocido como uno de los poetas más importantes de su generación, el escritor sueco Lasse Söderberg (Estocolmo, 1931) fue la gran figura del “Encuentro Internacional de Escritores José Revueltas” celebrado en julio pasado en Durango, donde presentó el poemario “Lo inconstante”, un antología extensa de su obra. En este marco estuvo presente nuestra compañera Eugenia Montalván, quien sostuvo una breve conversación con el gran poeta surrealista, autor de más de veinte libros de poesía, editor de la revista Tärningskast (Golpe de Dados) y organizador y director del festival “Días Internacionales de Poesía en Malmo”.CUERPO DE TEXTO
Al leer a Lassee Söderberg a través de la visión que ofrece de él el poeta Juan Manuel Roca, tengo el presentimiento de que la poesía del escritor sueco —una poesía de “ensueños meditativos”— combina con los gustos de muchos lectores de TROPO y con los míos también. Roca, en el prefacio de “Lo inconstante” (La otra, Universidad Autónoma de Sinaloa, 2012), describe además a Söderberg como si se tratara de un iluminado. Puede ser: el poeta, altísimo y flaco, irradia paz a su paso.
—¿El título de “Lo inconstante” tiene que ver con la presencia de la poesía en su vida?
—En realidad ese fue el título de uno de mis libros pero de hace bastante tiempo, del año 63, y pensé que podía cubrir la totalidad. Sí, es el sentimiento del momento poético en la escritura, que pasa muy rápidamente; pero también la existencia, en general, que es una cosa inconstante. Entonces, el sentimiento de lo inconstante es la base de mi poesía, creo.
Lasse, como le dicen todos cariñosamente, vino a México este año gracias al poeta y editor José Ángel Leyva, con quien presentó el poemario “Lo inconstante” en el D. F., San Luis Potosí y Durango. En esta última ciudad, en una mañana soleada el intelectual sueco visitó la Catedral y, por supuesto, antes estuvo en el Museo de Pancho Villa.
El poeta Lasse Söderberg habla un español casi perfecto. De hecho, lo demuestra cuando se nos acerca un guardia para llamarnos la atención por estar sentados en un lugar aparentemente inapropiado. Le pedí al guardia cinco minutos de clemencia, pero el poeta susurró: “No tenemos derecho a estar aquí”.
—¿Usted escribe en español?
—No. El libro (“Lo inconstante”) lo hicimos juntos Ángela y yo. Yo corrijo o doy mi opinión. Al principio no había pensado incluir poemas de mi juventud, pero discutiendo con Leyva, decidimos hacer una antología extensa. Realmente es un libro muy original con poemas que no he publicado ni siquiera en Suecia.
—¿Cómo ha sido su vida productiva?
—Ha estado siempre en relación con la poesía, no solo la mía sino también la de los demás, la que leo, con la cual trabajo. He hecho muchas traducciones de poetas hispanos y de otros idiomas, así que la poesía siempre me ha acompañado. Sin embargo, en el caso de mi propia obra, ahora escribo mucho menos poesía que en mi juventud (algo bastante corriente en poetas que llegan a cierta edad, creo). En realidad, me he dedicado más bien a otro tipo de escritura: escribo toda una serie de libros no fácilmente clasificables porque están entre el ensayo y la autobiografía, con algún poema intercalado de vez en cuando. Son básicamente ensayos sobre gente que he conocido, con muchas cosas autobiográficas también. El quinto de ellos saldrá en Suecia ahora en agosto. Es un trabajo que hice con un fotógrafo amigo que ya murió y quien se ha convertido en un fotógrafo de culto, Christer Strömholm (quien, por cierto, hizo una exposición en México hace varios años).
En la introducción de “Lo inconstante”, Ángela García, mujer de Söderberg, una poeta colombiana morena y sensual, escribe: “El espaciamiento de sus publicaciones —veintiún poemarios, habiendo publicado el primero a los 20 años— se puede atribuir a varias razones, empezando por un prematuro rechazo al camino del éxito, heredado evidentemente del surrealismo. Pero también a la enorme producción de traducciones, más de ochenta títulos, que al mismo tiempo forman parte de su pasión —más que tarea— por introducir en Suecia la poesía extranjera, especialmente del mundo latino”.
—De las traducciones de poetas del español al sueco, ¿cuáles ha hecho por gusto y cuáles por encargo?
—En “El Financiero” junto con mi entrevista (8 de julio de 2013) publicaron una foto de Nicolás Guillén, donde se dice que es uno de mis maestros. Yo conocí a Guillén y aprecio muchas cosas de él, pero lo traduje por encargo. Así que no es uno de mis maestros, realmente. El caso de Octavio Paz o de Borges es totalmente diferente: son escritores que he escogido. Hice una traducción muy tempranamente de unos poemas de Paz en una revista sueca cuando el mexicano todavía era poco conocido.
—Sabemos que lo conoció y fueron amigos, así que sin duda habrá tenido tiempo de confrontar con él sus traducciones, ¿verdad?
—Sí, claro, lo conocí en París a finales de los años 50 y luego nos vimos regularmente en México, y ocasionalmente en España o en Francia, y yo lo invité a Suecia. Era un gran gozo conversar con él, aunque todos los mexicanos saben que no era una persona carismática, razón por la cual recibió muchas críticas en su país. Pero yo sé que Paz tenía una relación distinta con sus amigos europeos que con los mexicanos. Aquí tenía lazos con el poder y en Europa no; allá tenía otro tipo de relaciones.
—Es maravilloso saber que usted llevó al joven poeta Paz a Suecia…
—Él participó en las Jornadas de Poesía Internacional en Suecia, jornadas que yo dirigí durante 20 años. Fue al principio, en el 87 o el 88, no me acuerdo. Hicimos el último encuentro en el 2006, y también participó un mexicano, Eduardo Lizalde.
—Así que, en cierta medida, México es conocido en Suecia gracias a usted.
—No sabría juzgarlo, es posible, no sé hasta qué punto; pero en el caso de Octavio Paz sí contribuí bastante. Pero hoy día México tiene otro tipo de fama. Ahora la gente me dice cómo te atreves a ir a México. En Europa nos hacemos a la idea de que no hay más que violencia y drogas.
—¿Y usted qué dice usted al respecto?
—Digo que están exagerando, aunque la violencia es un problema real. Yo sé que México es un país peligroso, pero las grandes ciudades, las capitales de Europa, también lo son. Además, en Europa el desarrollo político es un poco inquietante. Los partidos semi fascistas están tomando importancia nuevamente. En Suecia pensábamos que estábamos a salvo de esto, pero no, ahora están en el Parlamento; no son muy feroces, tratan de mostrar una fachada normal, pero sabemos lo que hay detrás de esta fachada.
—¿Usted hace planteamientos críticos públicamente?
—Escribo artículos de opinión, no hago análisis político; pero no se puede evitar tomar posición al hablar de literatura.
Lasse Söderberg no es el único intelectual europeo enamorado de México, pero sí es hasta ahora el escritor sueco más atraído por esta parte del hemisferio, donde cabe la tierra de su mujer, Colombia, país del que también se confiesa enamorado, con mucha risa. TROPO———————————————Eugenia Montalván Colón. Antropóloga. Es autora del libro “Premio Casa de las Américas: 50 años, 11 entrevistas”, que presentó en La Habana en 2012. Acaba de producir y dirigir el documental: “Don Mammie Blue”, para honrar al extraordinario activista de derechos humanos Gonzalo España España, productor de espectáculos y artista travesti, con quien hizo mancuerna para llevar al cine su pasión máxima: informar. También edita libros y trabaja en Espacio cultural Ule (www.ule.mx) con sede en Mérida, y a punto de abrir sucursal en Durango.