Ser cancunense: de la crisis de identidad al sentido de pertenencia

 

Por Macarena Huicochea

 

Debo confesar públicamente que siempre me confronta la posibilidad de presentar el libro de alguien a quien estimo y a quien me vincula algún tipo de amistad. Sobre todo, porque no puedo darme el lujo de engañarme y engañar a quienes asisten a las presentaciones y que suelen esperar un análisis honesto y sustentado del texto en cuestión; eso sin contar las implicaciones que puede tener para la “amistad” el que se pongan de manifiesto carencias o errores literarios elementales que revelen una mala factura o negligencia por parte del autor. Sin embargo, estoy convencida de que los buenos libros y amistades prevalecen por sus hechos y que cualquier falsificación al respecto resulta en detrimento de los vínculos que se establecen con las personas que nos ofrecen su obra y su afecto.

Aclarado lo anterior, quiero expresar mi entusiasmo y agradecimiento por la oportunidad de presentar Para entender y amar Cancún (Malix Editores, 2020), de Tiziana Roma Barrera a quien (aún antes de que ella me conociera) yo admiraba por su integridad moral y lucha a favor de nuestra ciudad. Ahora que la he podido leer, compruebo el talento, oficio y excelencia literaria de su “opera prima”, en la cual veo reflejada el alma de quienes habitamos en este paraíso caribeño.

Me encanta no sólo la forma de narrar que envuelve y seduce con las palabras precisas y la impecable sintaxis; sino también por el exhaustivo trabajo de investigación y documentación, que incluye entrevistas con quienes vieron nacer y formaron parte de la historia del Primer Centro Turístico Integralmente Planeado.

Y es que ciertamente esta obra es lectura obligada para cualquiera que realmente pretenda entender el origen y desarrollo de este sueño caribeño (al cual todos los aquí presentes y habitantes pertenecemos) y al que muchos hemos cuestionado por las desviaciones y errores cometidos, pero que ponemos en perspectiva, gracias a la investigación de Tiziana. Su libro nos da el contexto histórico y la mirada de una cronista que realmente ama y busca compartir su visión respecto a lo que implica ser un ciudadano cancunense y reconocernos como parte del conglomerado multi/pluri e intercultural que ha hecho posible nuestra existencia.

Desde las primeras palabras (en la cuarta de forros, la solapa, la nota del editor, la dedicatoria y el prólogo) el lector sabe que está frente a un espejo, y que lo que verá reflejado será ese proteico rostro que se advierte desde el inicio de la narración de la autora, cuando describe la sensación de quienes fundaron, han construido y hemos llegado a habitar este mágico y, al mismo tiempo, complejo lugar: la certeza de sentirnos “bichos raros”, nostálgicos de su origen pero, en algún momento, con una crisis de identidad que nos lleva a descubrir que Cancún es un caleidoscopio que refleja la diversidad del país y de la humanidad… invitándonos a habitarlo como ciudadanos del mundo.

Y ese es uno de los mayores aciertos de la propuesta de Tiziana: reflejar en su libro las múltiples posibilidades de ser cancunense y, además, escribir sobre Cancún desde diversas perspectivas: a través de crónica, la recreación literaria, las anécdotas y las diversas vivencias de quienes han traído su bagaje de viejas historias, talentos y sueños para venir a enriquecer el imaginario colectivo de una identidad en constante evolución.

Inicié la lectura un poco a ciegas, pues no tenía referentes de Tiziana como escritora, y tratando de no generar expectativa alguna. Y descubrí en sus letras un estilo y una voz muy personal, llena de vitalidad y capacidad para hacernos vivir, sentir, conocer y amar cada calle, historia escondida y personaje que han definido los múltiples perfiles de Cancún: amé cada capítulo y disfruté enormemente de las descripciones, referencias cronológicas y “llamados” que un (sin duda) avezado editor supo diseñar para agilizar la lectura de manera muy grata a la vista.

No quiero cansar con largas alabanzas y análisis pormenorizados de los aciertos de esta deliciosa lectura que me dejó “picada” y que me obliga a comprometer públicamente a Tiziana a continuar con este oficio de escritora que de manera tan acertada ha iniciado. Ojalá y siga compartiendo con nosotros esa capacidad de ver con ojos llenos de amor el pasado y presente de nuestra ciudad; además de invitarnos a ser parte de una comunidad que nació con una mirada vanguardista que nuestra autora nos invita a recuperar.

En su narrativa, Tiziana revela su capacidad de hacernos mirar sus recuerdos de niña, compartidos por otros que, como ella, conservan la memoria de las amplias playas, la colorida fauna y flora y la providencial tranquilidad y seguridad con que crecieron las primeras generaciones de migrantes y oriundos. Pero su remembranza no es una evasión ingenua, sino un cuestionamiento que nos estremece e incita a una profunda reflexión como cancunenses: ¿dónde estábamos cuando nos dejamos arrebatar el paraíso? O cuando, con su infatigable entusiasmo, nos inspira e incita a corregir el rumbo y a sentirnos orgullosos y capaces de poder recuperar, replantear y habitar los sueños propios y los de los fundadores y pioneros…, y a no dejar que nadie les niegue a nuestros hijos y nietos la oportunidad de vivir en un lugar concebido como un modelo de armónica confluencia entre la modernidad urbana y la naturaleza.

No me cabe duda de que el más escéptico lector y ciudadano, aferrado a debatir sobre la “falta de cultura” y de “identidad” de nuestra ciudad sentirá (como yo) el vuelco en el corazón y el orgullo de reconocernos privilegiados de vivir en esta prodigiosa ciudad llamada Cancún que Tiziana deposita en nuestras manos. Tropo

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