Marisol D´Estrabeau. Imaginación lúdica y sutil rebeldía

Por Carlos Generoso

Tres son las fuentes donde abreva Marisol D´Estrabeau. Desde su más temprana infancia al haberse asomado al mundo científico y médico de su padre a través del microscopio, donde se quedaba embelesada con aquellas imágenes abigarradas de tejidos y formas naturales; la segunda, las experiencias posteriores, sus viajes, uno en particular al terreno cora y huichol, a la gran Wirikuta del altiplano potosino, territorio del Hikuri y del color, del tejido marakamé como un libro que los europeos no alcanzaron a quemar, la ritualidad espaciada en las formas que cobran vida de un mundo silvestre y natural, combinación intrínseca de forma y color; por último, y quizá más importante, algo que trae de ella misma, de los caminos de su interior, profundamente femenino, su prolífica imaginación, que lo mismo vislumbra un gato de tres patas que las transformaciones del zorro o el hálito de vida de una abeja melipona.

Cuando esta imaginación traspasa la frontera de las dos dimensiones y accede a la tercera donde la profundidad crea volumen, integra una realidad plástica que cobra doble valor, el intrínseco de una obra de arte como la carta de existencia de su imaginación, lo cual se comprueba al observar su escultura en esta sala de un colorido zorro (*).

Esta muestra está compuesta por tres elementos: su animalia, su sentido de lo femenino en la maternidad o en la expresión plástica de una soberbia flor sobre fondo violeta y, la expresión de su discurso plástico que hace posible la composición entre un mundo faunesco, botánico e híbrido para su composición de género, especie y formas.

Hoy, al evolucionar en sus temáticas y contenidos, observamos el hecho de sus monas gestantes, que portan el maíz como lazo de unión indisoluble entre lo genuino y fértil de una planta y lo prolífico de los tejidos femeninos. En este acto, al proponer en poder de las monas la planta cósmica del maíz, está dando voz y legitimidad a nuestra cultura ancestral que sostiene hoy por hoy una lucha contra grandes consorcios (Monsanto y sus glifosfatos) que dilapidan el capital genético de una planta.

En el discurso plástico en Marisol, esto se traduce en una rebeldía aparejada a la sabiduría innata de los animales que enarbolan una mazorca de maíz como un arma contra la insensatez humana, una insensatez que inexplicablemente cava su propia tumba atentando contra su propia existencia.

(*) Este es el texto para la exposición que la artista plástica presentó en meses pasados en la galería Edgar Herrera de Artiiis.

 

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