La Congresa. Una toma por el derecho al aborto legal en Quintana Roo

Por Vanesa González-Rizzo Krasniansky

 

El aborto es un tema que divide. Hay muchas opiniones sobre por qué resulta un asunto que genera tantos conflictos para ser pensado y puesto en discusión. Muchas personas opinan que la razón es porque involucra la gestación, otras piensan que es el cuerpo de las mujeres el que está en juego y algunas más lo relacionan con la sexualidad y allí ponen el acento. Lo cierto es que a la población le resulta muy difícil hablar con naturalidad, conversarlo y permitirse discusiones que nos ayuden a aclarar posturas.

 

Hay un manto oscuro repleto de mentiras, estigmas y culpas alrededor del aborto. Con todas las dificultades que encontramos, cada vez hay pasos más firmes para permitirnos abordarlo sin recurrir a los típicos lugares que juzgan y maltratan a quienes estamos a favor de que el aborto sea legal en todo el territorio mexicano.

Ahora estamos felices porque en Hidalgo el Congreso acaba de aprobar su despenalización hasta la semana doce de gestación. Con ello, en nuestro país tenemos tres estados en los que las mujeres pueden decidir abortar (Ciudad de México, Oaxaca e Hidalgo), antes de cumplir las doce semanas completas de gestación.

Cada estado tiene sus leyes, pero en todo el territorio nacional el aborto por violación es legal[1]. En Quintana Roo tenemos cuatro causales por las que el aborto es legal: si el embarazo es producto de una violación, cuando pone en riesgo la vida de quien gesta, si existen antecedentes genéticos que afecten al producto o si el producto tiene malformaciones congénitas que afecten su calidad de vida o supervivencia[2].

Desde hace varios años, las feministas de Quintana Roo estamos impulsando que se hable de aborto, que se generen espacios de intercambio y que lo hagamos desde la información científica y laica para no llevar el tema a lugares que hacen que se empantane. Pensar al aborto como un tema de derechos que nos permitiría a todas tomar decisiones informadas y acompañadas, sería lo mejor; es decir, abrir los espacios, no criminalizarlo y que cada persona que gesta pueda tomar la decisión que para ella resulte mejor. Cerrar las leyes y penalizar, prohibir, es justamente imponer lo que algunas personas piensan, es no permitir que cada quien decida sobre su cuerpo y sobre su vida.

En Quintana Roo han existido varias iniciativas que buscan despenalizar el aborto. Desde el año 2017 el Congreso ha recibido al menos cuatro leyes encaminadas a permitir que las mujeres y personas gestantes, decidan qué hacer con un embarazo en su etapa más temprana. Sin embargo, no es hasta el 2021 cuando el Congreso se vio obligado a discutir esta demanda histórica que las mujeres hemos impulsado. Sí, leyó bien: el Congreso se vio obligado a hacerlo. Aunque no lo crean, ninguna de las iniciativas presentadas había sido turnada a las comisiones respectivas para su discusión y, en su caso, para aprobarlas o desecharlas.  Fue gracias a que un valiente grupo de feministas tomó el Congreso, cuando el aborto se colocó en el centro de las demandas hacia el legislativo.

Como se sabe, el 25 de noviembre se conmemora el día para la eliminación de la violencia hacia las mujeres. En el año 2020, el 25 de noviembre estaba cargado de una rabia especial. Acabábamos de vivir uno de los sucesos más atroces que en la historia de este joven estado se hayan vivido: el 9 de noviembre una manifestación pacífica convocada por feministas y familiares de víctimas, por tres feminicidios en nuestro estado, fue brutalmente repelida a balazos en Cancún, y en otros municipios también hubo un uso excesivo de la fuerza pública, incluidos gases lacrimógenos que dispersaron a las y los manifestantes. Sin lugar a dudas Cancún y sus manifestantes recibimos la peor parte. Varias compañeras fueron abusadas sexualmente, recibieron impactos de balas y fueron golpeadas con uso desmedido de fuerza, entre otras atrocidades. El feminicidio de Alexis, que fue la razón principal para salir a las calles en Benito Juárez, quedó nuevamente manchado de sangre. Esta vez fue la fuerza pública la culpable, y la impunidad por los hechos acontecidos continúa hasta el día de hoy.

Es en este marco que la Red Feminista Quintanarroense (RFQ) —una red que venía trabajando principalmente el tema de aborto en el estado, y que agrupaba a más de 26 colectivas y organizaciones—, lanza un pliego petitorio para los tres órdenes de gobierno, entre los que destaca para los fines de nuestro tema, la despenalización del aborto.

El 25 de noviembre decidimos realizar un plantón afuera del Congreso, para exigir al legislativo que la violencia contra las mujeres se atendiera y que la impunidad no siguiera prevaleciendo. El 27 de noviembre debido a la prepotencia de los guardias de seguridad del Congreso, la RFQ toma sus instalaciones. A partir de ese día y hasta marzo del 2021, el Congreso de Quintana Roo pasa a ser La Congresa y las feministas sostuvimos nuestras demandas desde dentro, sin dar un paso atrás.

Todo ello sucedió justo en momentos en los que la pandemia no nos daba tregua, en circunstancias en las que diputadas y diputados no lograban dimensionar lo que significaba para nuestro estado tener un Congreso tomado. Ellas y ellos hicieron todo lo posible por continuar con su camino acostumbrado: evitar el diálogo, hacer como que no pasaba nada, mentir, traicionar acuerdos, quitar agua y luz para que las compañeras de la toma se vieran obligadas a desistir y, finalmente, después de muchas negociaciones con el ejecutivo y el legislativo, después de mucha solidaridad de mujeres y hombres no sólo del estado sino también del país y del extranjero, se fueron hilando posibilidades de negociación.

Fue cuando los ojos del mundo se habían posado en este paraíso que sigue oliendo a sangre, cuando el Congreso aceptó que no podía seguir sin escuchar, sin discutir y sin prestar atención a demandas que tienen tanta importancia para la vida de las mujeres en nuestro estado. Para el legislativo, así se resumió en ese momento la demanda: “Salimos del Congreso, si ustedes discuten las leyes sobre despenalización del aborto; después seguiremos con los otros nueve puntos que incluimos en el pliego petitorio para que resuelvan, pero si quieren sesionar desde este recinto, tendrán que permitirse pensar en el aborto y en la importancia que tiene para la vida y para los derechos sexuales y reproductivos en Quintana Roo.”

No fue fácil lograrlo. Todo apuntaba a que el 24 de febrero podríamos tener un dictaminen. Ya habían sucedido varios foros sobre el aborto, en el Congreso del estado, algunos enmarcados en información científica y laica, en los que se mencionaron las experiencias de la Ciudad de México y de países que llevan más de treinta años con el aborto dentro de sus leyes[3]. Con médicas, médicos, juristas repletos de conocimientos en la materia, que daban las razones por las que el aborto en nuestro estado debía ser legalizado.

También hubo foros en los que la información era tendenciosa, repleta de imprecisiones, en los que se involucraban creencias personales y un sinfín de sesgos. Foros en los que el Colegio de Medicina de Quintana Roo mostró su cara anti derechos y realmente destapó el lado más conservador de nuestro estado. Foros en los que algunas instituciones estatales fueron valientes y se posicionaron a favor, y también otras tibias, que no se animaban a plantear una postura. En definitiva, espacios de diálogo que mostraban la importancia de hablar del tema, de permitirnos discutir e intercambiar ideas.

A pesar de ello, el 24 de febrero el legislativo no logró el quórum necesario para realizar su trabajo. Una vez más había que esperar. Las fuerzas oscurantistas de nuestro estado hacían todo lo posible por vulnerar las posibilidades, incluso violaron la laicidad y se recibieron posturas y manifestaciones de personas en el clero que claramente se pronunciaron en contra.

Eran días de tensión, de intenso trabajo, también estaban llenos de la alegría y creatividad feminista: seguíamos dando talleres, haciendo murales y sosteniendo las esperanzas de lograr una vida con menos violencias hacia nuestros cuerpos.

Negociamos, les permitimos tener acceso al recinto, pero nosotras seguíamos con el campamento dentro, sólo achicamos un poco los espacios. Tenían horario para abandonar cada día nuestra congresa.

El 2 de marzo del 2021 las y los legisladores se volvieron a sentar para dictaminar las leyes. Cientos de mujeres estábamos en la congresa, todas con el corazón expectante, verde como la vida, palpitando al unísono. Los tambores retumbaban, los cánticos y bailes no se detenían. La pared de la congresa proyectaba la sesión. Los acostumbrados recesos, las dilaciones, las tácticas bajas con las que se acostumbran los intercambios legislativos, las fuerzas partidistas, los cabildeos, todo ello sucedía y la tensión crecía. ¿Dictaminarán o no, será a favor o desecharán las iniciativas de ley? Finalmente sucedió. Las comisiones dieron un dictamen favorable, pasaba la posibilidad de que el pleno del legislativo tuviera que votar la ley. El triunfo fue maravilloso. Habíamos logrado lo que ansiábamos, que el Congreso de nuestro estado hiciera su trabajo, simplemente legislar.

Luego de un nuevo receso, retomaron las labores y lo que correspondía, ¡votar! Algunxs legisladores antes de expresar su intención de voto, subieron a la tribuna a dar un discurso (lamentablemente, el Congreso del estado ha retirado de su página las palabras pronunciadas), algunos de ellos con una pobreza argumentativa y enunciativa que infundía mucha tristeza, que dejaba muy claro que nuestra clase política no tiene ni la preparación, ni la capacidad para ocupar la curul y el título que ostentan u ostentaban. Otrxs tuvieron el respeto y mostraron que hicieron un esfuerzo por informarse sobre las implicaciones que una ley que despenalizara el aborto podría tener. Pero, sobre todo, también fueron quienes siguieron los debates previos, quienes se informaron y construyeron discursos dignos de aplausos, en los que los derechos, los tratados internacionales y nuestra constitución política se ponían en primer plano. Y también hubo quienes ni siquiera tuvieron la valentía de posicionarse. No se animaron a quedarse en la sesión; la tibieza y cobardía les pareció el mejor camino.

Después de esa demostración, que dejó más amargura que dignidad en el recinto legislativo, las y los diputados expresaron su voto. Con siete votos a favor y trece en contra el Congreso del estado de Quintana Roo no permitió que el aborto se despenalizara en nuestro estado.

Ellas y ellos que supuestamente nos representan no consideraron que tan solo en el año 2020 Quintana Roo ocupó el primer lugar nacional en número de mujeres menores de edad víctimas de tráfico de personas; el tercer lugar nacional en número de mujeres víctimas de trata de personas; el primer lugar nacional en tasa de delitos de violación por cada 100 mil habitantes (22 por 100 mil);  el séptimo lugar nacional en número de llamadas por incidentes de abuso sexual, y el primer lugar nacional en tasa de llamadas de emergencia de violencia de pareja (913 incidentes por cada 100 mil habitantes).[4]

Además de las violencias mencionadas, existe otra realidad que también atenta contra nuestros derechos sexuales y reproductivos. Cerca de 30% de mujeres entre 15 y 49 años unidas en relaciones, no utiliza un método anticonceptivo, según la ENDIREH[5], y son las mujeres jóvenes las que refieren mayor insatisfacción a sus necesidades de anticonceptivos.

La Secretaría de Salud Federal indica que del 2007 al 2019, 129 mujeres quintanarroenses han ido a la Ciudad de México a realizarse un aborto legal y seguro. Somos el estado de la península de Yucatán con mayor número de mujeres que han recurrido a las leyes de la capital, para poder ejercer el derecho en condiciones dignas.

Las cifras oficiales no alcanzan a visibilizar la magnitud de la violencia sistémica que enfrentamos las mujeres, pues solo reflejan aquellos casos conocidos por las autoridades y no dan cuenta de la enorme cifra no denunciada de violencia que nunca será conocida por autoridad alguna y que lleva a miles de mujeres a vivir con las violencias contenidas en sus propios espacios, a sufrir la criminalización sobre sus cuerpos, a morir violentamente en crímenes de odio, y a la constante exclusión como sujetas de derechos.

A pesar del panorama tan desalentador que indican las cifras, a pesar de la posterior disolución de la Red Feminista Quintanarroense, las mujeres de este estado, las defensoras de Derechos Humanos y las feministas no desistimos en el trabajo continuo para garantizar vidas dignas para todxs. Cada cifra es una historia de vida, una mujer vulnerada que requiere poder ejercer sus derechos y que exige que las políticas públicas reflejen sus necesidades.

Con todo ello, para nosotras, el camino avanzado es enorme. La toma de la congresa fue un suceso que dejó huellas significativas en nuestra historia. Hizo despertar a las mujeres y a las feministas del estado, llevó el debate del aborto no sólo al terreno ciudadano sino también al político y legal. Permitió que hombres y mujeres nos cuestionáramos e informáramos para tener una postura sobre el aborto. Mostró que Quintana Roo sigue teniendo la fuerza que en la región impulsaron mujeres como Elvia Carrillo Puerto, Leona Vicario, Hermila Galindo y muchas otras. Las mujeres durante toda la historia hemos tenido que conquistar derechos que para los hombres están dados. Sabemos lo que significa luchar y no claudicar y en ello seguiremos ¡hasta que sea ley! Tropo

 

[1] Aquí pueden consultar las causales legales para cada estado: https://gire.org.mx/plataforma/causales-de-aborto-en-codigos-penales/

[2] Para conocer los detalles y la redacción precisa, hay que revisar el  Artículo 97 del Código Penal del Estado de Quintana Roo.

[3] Aquí se pueden seguir los foros https://www.facebook.com/CongresoQRoo/posts/3360448234061337

[4] Acorde a cifras publicadas por el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública en agosto del 2020.

[5] Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH) 2020.

 

Vanesa González-Rizzo Krasniansky. Psicoanalista con experiencia clínica en el tratamiento de bebés, niños, adolescentes y adultos. Fundadora en 2005 del Espacio de Desarrollo Infantil e Intervención Temprana (EDIIT) en la Ciudad de México. Miembro de la Asociación Mexicana para el Estudio del Retardo y la Psicosis Infantil (AMERPI). Ha sido docente en el Círculo Psicoanalítico Mexicano, la Universidad La Salle Cancún, y la Universidad Marista de Mérida, entre otras instituciones. Feminista, activista social, participante y fundadora en diversas organizaciones de la sociedad civil como el Instituto de Liderazgo Simone de Beauvoir, Balance AC, Decidir Coalición de jóvenes por la ciudadanía sexual. Actualmente es la representante en Quintana Roo de Equidad de Género, Ciudadanía, Trabajo y Familia y de la Red por los Derechos Sexuales y Reproductivos en México (Ddeser QRoo). Es presidenta de Derechos, Autonomías y Sexualidades (DAS Cancún).  vanegori@gmail.com

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