Panorámicas del naufragio

Por Habib Sánchez

A menudo se dice que la familia debe ser un puerto seguro, un faro, un refugio. Pero qué pasa cuando es la tempestad misma. Cuando es, en realidad, un mar salvaje al que nosotros caímos sin saber nadar. ¿Cómo sobrevivimos a algo así? O, peor aún: ¿alguna vez lo hacemos? Estas preguntas se dejan caer desde las primeras páginas de esta novela y solo hasta al final parecen ser contestadas.

Después del intento de suicidio de su madre, Edie y Mae se ven obligadas a mudarse con su padre, quien las había abandonado hacía más de una década, y con el cual no tienen comunicación desde hace dos años. Edie, de 16 años, mantiene desconfianza ante el reencuentro; mientras que Mae, un par de años menor, ve una oportunidad para empezar de nuevo. Esa diferencia en las perspectivas de las hermanas marcará el tono de la obra, no sólo en la opinión sobre su realidad, también sobre sus padres y sobre cómo ven su vida en general. Pero en la historia no habrá una visión correcta de las cosas: cada una carga sus errores y sus aciertos, pero necesitaremos verlas para complementar una panorámica del desastre.

Este escenario caótico tiene su origen en la complicada relación de los padres. Dennis es un escritor consagrado y sumergido totalmente en su arte, aunque con ello haya ahogado todas sus relaciones personales. Y Marianne sufre ataques psicóticos cuyo origen se desconocen, pero que se pueden rastrear desde su relación con Dennis. Ambos forjan un vínculo de escritor y musa, que termina deteriorándolos. Él es un escritor que convierte a sus cercanos en material creativo hasta dejarlos vacíos; y ella, una mujer codependiente que apaga voluntariamente su talento, carcomida por la duda de su potencial. Esa duda potenciará muchas más que pondrán en jaque su estabilidad emocional y psíquica hasta orillarla al suicidio.

Aunado a las perspectivas de Edie y Mae tenemos, además, cartas y testimonios de personajes secundarios que ayudan a darle densidad a la historia. Este material puede ser demasiado para algunos lectores, como si fueran obligados a afrontar secretos familiares que uno ya sabe, pero que intenta eludir. Edie y Mae son esquivas con la verdad, pero en algún punto son arrastradas a afrontarla. Si la aceptan o no, es su decisión, pero la negativa a hacerlo solo hará que se vean sometidas a monstruos abisales aún peores.

Katya Apekina hace su debut literario con una impactante novela. La sencillez casi melancólica del reencuentro familiar nos sumerge en su narración, y, mientras lo hacemos, ésta cada vez se va volviendo más asfixiante. Y es que la autora aborda de manera minuciosa lo complicado de las relaciones parentales y, además, agrega complejidad con temas como la enfermedad mental, los celos, el proceso creativo, la soledad, la culpa.

Edie y Mae —que riñen constantemente y cuyos desacuerdos son tales que parecieran haber sido cridadas en familias distintas—, no se dan cuenta de que sólo se tienen la una a la otra, para resistir, para sobrevivir, para no perderse, hasta que la tormenta se les viene encima. Cuando nos hallamos en la tempestad agradecemos la compañía. Al final, seremos testigos de si emergen del caos o si solo son restos de un naufragio. Y ahí quizás nos preguntaremos a qué grupo pertenecemos. Tropo

 

Habib Sánchez. (Mérida, Yucatán. 1993).  Ha tomado distintos talleres de creación literaria y poesía impartidos por el CCL y Tokonoma. Espacio creativo. Participó en la coordinación del Festival de Cultura del Caribe 2017, zona norte. Becado del Festival Interfaz-ISSSTE, 2017.  Seleccionado de la Antología de cuento Quintanarroense, por El faro editores. Librero de Gandhi Cancún.

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