Filosofía del lenguaje ¿Se pueden dar pruebas a favor o en contra de que Dios existe?

Héctor Hernández

“Dios está muerto”: Nietzsche.

“No, el que está muerto es Nietzsche (1844-1900)”: Dios.

Hace tiempo se publicó una noticia acerca de un hombre que se arrojó a la jaula de unos leones en un zoológico ucraniano para probar la existencia de Dios. Dijo: “Dios me salvará, si existe”, pero lamentablemente los leones no cooperaron y no se realizó tal salvación. Obviamente, esta no es una buena forma de probar la existencia (ni la inexistencia) de Dios. En todo caso, si alguien requiere un tipo de intervención milagrosa como prueba, hay otras menos violentas como la que propone Woody Allen: “¡Si Dios tan solo me diera una clara señal! …como hacer un generoso depósito a mi nombre en un banco suizo.”

¿Es posible dar pruebas de la existencia o inexistencia de Dios? No hay una respuesta aceptada por todos o por la mayoría de los científicos ni filósofos, mucho menos por la gente en general. Cada respuesta es polémica y puede ser más o menos persuasiva según la calidad de los argumentos que la apoyen. Antes de dar mi respuesta, consideremos algunas de las principales soluciones que se han dado a la pregunta.

En primer lugar, está quien dice que antes de responder la pregunta es indispensable definir qué se entiende por “Dios”. Se debe dar una definición coherente, que se pueda verificar o refutar de alguna forma. Se examina y cuestiona primero la definición antes de argumentar sobre la probabilidad de la existencia de Dios. Quienes adoptan esta postura se llaman ignósticos (no hay que confundirlos con los agnósticos).

Hagamos algo de caso al ignóstico y definamos a Dios como el Ser Supremo, Creador del universo y de la vida. No se requiere agregar cualidades como la omnisapiencia (la capacidad de saberlo todo), la benevolencia u otras. Se puede argumentar a favor o en contra de estos rasgos, pero no es necesario asumirlos desde la definición, ya que en principio el Creador puede ser quien tiene el máximo conocimiento sin tener que saberlo todo, y un Creador no necesariamente tiene que ser benevolente. El filósofo William Lane Craig piensa que Dios sí tiene que ser benevolente para que pueda ser digno de adoración, pero los cultos satánicos muestran que se puede adorar a una deidad que no es benevolente. Además, están varios dioses griegos con muy malas costumbres como Zeus (vengativo, secuestrador, violador y asesino) y Cronos (que se comía a sus hijos). Es cierto que la mayoría de nosotros no consideramos a estos dioses dignos de adoración, pero es razonable suponer que al menos sus adoradores sí los consideraban así. En suma, un ser Supremo Creador del universo no tiene que ser bueno o malo por definición, su alto poder creativo en principio no necesariamente tendría que venir acompañado de cualidades como la paciencia y la bondad. El científico norteamericano Neil DeGrasse dijo: “No sé si Dios existe o no, pero cuando la gente dice que Dios es bueno… la verdad es que en nuestro universo veo cualquier cosa menos benevolencia. Tenemos asteroides que colisionan contra la Tierra y causan extinciones masivas, así que no hay bondad en el universo que conocemos”.

La pregunta sobre si se pueden dar pruebas a favor o en contra de la existencia de Dios parece solo admitir una respuesta afirmativa o negativa, pero los partidarios del agnosticismo, llamados agnósticos, sostienen justo lo contrario. No se puede responder ni que sí ni que no. Los partidarios del agnosticismo débil creen que, aunque es posible para un ser humano saber si Dios existe o no, todavía la humanidad no ha alcanzado ese nivel de avance, por lo que actualmente es imposible dar pruebas a favor o en contra de la existencia de Dios, pero quizás en el futuro se pueda. Otros sostienen un agnosticismo fuerte: por más que avance la ciencia, es imposible para los seres humanos saber si Dios existe o no, así que nunca se podrán dar pruebas al respecto. La verdad es que no todos los agnósticos se sentirían identificados con alguna de estas dos posturas, hay diversas variantes, no solo de agnosticismo, sino prácticamente de todas las posturas que podemos presentar aquí, o con las mismas conclusiones, pero por otras razones.

Ante la respuesta del agnóstico “no se pueden dar pruebas”, el fideísta respondería “no se deben dar pruebas”. ¿Por qué? Porque si el fundamento de la existencia de Dios fueran las pruebas, no habría fe y solo por la fe se puede llegar a Dios, no por la razón. Así que para el fideísta no solo no puede haber pruebas, sino que no debería haber pruebas. Si Dios concede mérito a quien cree en su existencia solo sobre la base de la fe, no dejaría un universo lleno de pruebas contundentes a favor de su existencia para no boicotear la fe de los creyentes. Aunque el tema de la fe exige una discusión mucho más amplia, baste decir ahora dos puntos: 1) no se debe confundir la fe con la credulidad ciega y 2) el fideísmo no parece atractivo, pero no tanto por la relevancia que otorga a la fe, sino por su rechazo de la razón.

No es adecuado rechazar el uso de la razón ni siquiera para la gente de fe, pues si Dios no quería que los seres humanos desarrollaran sus capacidades de raciocinio y la utilizaran en las decisiones importantes, no los habría creado con tanta capacidad mental y con un entorno estimulante. Además, en la tradición judeocristiana se anima a los creyentes a amar a Dios con “toda su mente”, lo cual no sería posible si se coarta el uso de la razón para conocer a Dios.

En el lado opuesto está el deísmo, la postura de que por medio de la razón se puede concluir que Dios existe y que creó el universo, pero Dios no interviene en los asuntos humanos haciendo milagros ni dirigiendo una religión en particular. Un deísta sostiene que a través de la ciencia y del estudio de la naturaleza se puede conocer a Dios, no se requiere de una religión o de un libro sagrado. Entre los filósofos deístas más conocidos está Jean Rousseau y Voltaire.

Finalmente, están los teístas y los ateos. Los teístas afirman la existencia de un ser supremo que no solo creó el universo y la humanidad, sino que interviene en los asuntos humanos. Mientras que los ateos niegan la existencia de Dios, no solo no creen que existe, sino que afirman que no existe. Woody Allen dijo: “No solo Dios no existe, sino que intenta conseguir un plomero un fin de semana”.

Ahora doy mi respuesta. Si entendemos por prueba un argumento con premisas claramente verdaderas para todos, premisas de las cuales se deduce con seguridad la conclusión, entonces lo más probable es que no se puedan dar pruebas ni a favor ni en contra. Pero con esta noción tan estricta de prueba, tampoco se puede probar que la tierra es redonda, ya que actualmente hay varias personas (llamadas terraplanistas) que rechazan los argumentos a favor y proveen argumentos en contra de que la tierra es redonda.

Si se adopta una definición menos estricta de prueba como por ejemplo un argumento con premisas verdaderas (aunque no sean claramente verdaderas) de las cuales se deduce con seguridad la conclusión, puede ser más probable que alguien presente algunas pruebas en favor de su postura. El problema es que ciertas premisas pueden parecer verdaderas a alguien y falsas o incomprensibles a otras personas. Por ejemplo, se dice que en cierta ocasión, el matemático Leonard Euler estaba en San Petersburgo con la emperatriz Catalina la Grande y se enfrentó al filósofo ateo Denis Diderot en la corte con el siguiente argumento: “x=(a+bn)/n por lo tanto, Dios existe. ¡Responde!” El filósofo no supo que contestar y salió rápidamente de la corte para regresar a Francia. Aunque esta historia posiblemente no sea real, sí ilustra el tipo de argumentos incomprensibles para la gente en general que podrían parecer razonables a ciertos especialistas.

El punto que quiero resaltar es que algunos argumentos pueden ser poco persuasivos incluso si tienen premisas verdaderas cuando las premisas no son claras o no parecen verdaderas. El que las premisas parezcan verdaderas hace más persuasivo el argumento, pero eso no significa que no pueda ser refutado. Consideremos un argumento famoso en contra de la existencia de Dios llamado el argumento del mal. Es el siguiente:

 

  1. Si el mal existe, entonces Dios no puede o no quiere eliminarlo.
  2. Si Dios no quiere eliminar el mal, no es benévolo.
  3. Si Dios no puede eliminar el mal, no es omnipotente.
  4. Si Dios existe, es benévolo y omnipotente.
  5. El mal existe.

 

Por lo tanto, Dios no existe.

 

Por la definición que hemos adoptado arriba, la premisa 4 es falsa, pero supongamos que fuera verdadera, ¿sería esta una prueba de la inexistencia de Dios? Lo sería si todas las premisas fueran verdaderas, ya que la conclusión se deduce de las premisas, pero hay al menos una premisa que es falsa: la primera. Yo a veces pregunto a los estudiantes si quieren y pueden tener un título universitario y me responden que sí, y cuando les pregunto “entonces ¿por qué no lo tienen?”, responden cosas como: “estoy en el proceso”, “me falta un año”, etc. De manera que querer y poder hacer algo no es suficiente para que algo ya esté realizado. Puede ser que en la agenda de Dios la eliminación del mal esté programada para cierta fecha en el futuro. Así que por lo menos la primera premisa es falsa, aunque el argumento parecía ser una prueba a primera vista.

De manera similar, hay interesantes argumentos de diversas calidades en favor y en contra de la existencia de Dios (como el argumento del ajuste fino y el argumento cosmológico a favor y la paradoja de la omnipotencia en contra), los cuales pueden ser calificados como pruebas o no, dependiendo de la definición de prueba adoptada y del resultado de su análisis. Pero lo enriquecedor no es el mero reconocimiento de la diversidad de opiniones, sino el conocimiento de las razones que las sustentan y el entendimiento de los argumentos que ha dado origen a las discusiones y reflexiones más profundas. Tropo

 

Héctor Hernández (México, D. F.). Licenciado en Actuaría y Matemáticas, doctor en Filosofía de la Ciencia y doctor en Educación. Maestro en filosofía del lenguaje y de la mente. h2o_mat@hotmail.com

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