Cuidado con lo que deseas. Un guiño al buen cine mexicano de suspenso

Por Svetlana Larrocha

Si hemos de ser críticos, el cine mexicano de suspenso/horror no es un ejemplo a seguir para los amantes de estos géneros, especialmente en años recientes. Malas copias del cine estadounidense o italiano, no se acerca para nada al español de este rubro; ni siquiera a otros presentes en Latinoamérica.

Sin embargo, existen verdaderas joyas de la cinematografía de nuestro país realizadas en el siglo XX. Por mencionar algunas, Juan Bustillo Oro tiene en su haber Dos monjes (1934), una de las primeras películas mexicanas sonoras. De fotografía expresionista y oscurantista, presenta una clara influencia del cine alemán de aquel tiempo. Y en 1957, Fernando Méndez trae al mítico Germán Robles en su una de sus inolvidables caracterizaciones: el Conde Lavud, en El vampiro.

En los sesenta, Servando González deja una verdadera pieza del terror (sin fantasmas, brujas o seres de ultratumba): El escapulario (1968), ambientada en la Revolución Mexicana, donde una reliquia familiar es el protagonista de cuatro historias enlazadas.

En 1962, de Chano Urueta, El espejo de la bruja trae la obsesión y la necrofilia a la pantalla grande. Cinta de culto, esta película tiene el guion del maestro de maestros del cine mexicano en esta área: Carlos E. Taboada, quien en 1968 presenta uno de sus mejores trabajos y uno de los mejores del séptimo arte de suspenso, El libro de piedra. Posteriormente, en 1984, Taboada cierra su obra fílmica con Veneno para las hadas, la que logró que finalmente la crítica lo reconociera como el gran director que fue.

Son estas dos películas las que me hacen comentar Cuidado con lo que deseas: con las proporciones debidas, por supuesto, se puede observar elementos taboadianos recurrentes: ambientes boscosos, infancias solitarias e influenciables de personajes femeninos, la curiosidad y/o la malicia que causa el entorno aislado, la “amistad” con seres imaginarios de orígenes oscuros y atormentados, entre otros.

Cuando Pamela, inteligente pero fantasiosa, va a cumplir ocho años, recibe de su tío Esteban, hermano menor de su padre, Bernardo, un regalo misterioso: un muñeco con imagen de arlequín llamado Hellequin, al igual que un teatro guiñol. El tío explica a la niña que el presente tiene dentro de sí al espíritu de un bufón que años atrás un rey mandó a ahorcar por su incapacidad de hacer reír al monarca.

Más tarde puede verse que este juguete cobra vida (o es así ante los ojos de la niña o nosotros espectadores), para ir revelando, a través del pequeño teatro, una serie de secretos, planes, traiciones y venganzas, producto de antiguas envidias y rivalidades —entre los hombres y Nuria, la madre de la pequeña—, teniendo como marco el sitio a donde van a celebrar, una casa de campo, alejada de la ciudad.

Dirigida por Agustín Tapia, y con guion de él mismo, con una coproducción México-España, Cuidado con lo que deseas (2020) viene con una propuesta fresca y bien llevada de suspenso/terror y true crime. El concepto de la película es simple: “ver” con los ojos de un niño lo que los adultos piensan-sienten-hacen, para luego, incluso “censurar” a su manera dichas acciones.

El filme, estrenado en plena pandemia, puede disfrutarse en la plataforma Netflix. Ágil, de excelente fotografía y efectos especiales (la figura del arlequín no es macabra; incluso es angelical, pero, a semejanza de Hugo, de El libro de piedra, su presencia marcará la vida de los personajes de manera siniestra.

Detractores de la película se han ensañado en aspectos que la hacen cojear. Ciertamente, no vemos actuaciones dignas de ser premiadas en algún festival de renombre. Igualmente, deja que desear la poca afectividad entre madre e hija, o el hecho infrecuente de celebrar el cumpleaños de una niña sólo con adultos, sin la compañía de invitados de su edad, pero en conjunto, el trabajo es un homenaje a ese incomparable cine taboadiano, que tan buen sabor de boca deja a los cinéfilos que lo conocen. Tropo

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