Retrato de una mujer en llamas

Por Svetlana Larrocha

Fuego entre pinceles y represión

“… las lesbianas hemos sido prácticamente inexistentes, pero hay mujeres en todas las películas; y, sin embargo, apenas hay realmente mujeres en las películas: son, somos, sólo objetos”.

Céline Sciamma

La lista de películas con tema LGBQT+ de los últimos 20 años es muy larga. Sin embargo, si analizamos las verdaderamente memorables, esta lista se acorta: trabajos cinematográficos como Las horas, de Stephen Daldry (2003), adaptación de la novela homónima de Michael Cunnigham; Broken Mountain (Secreto en la montaña), de Ang Lee (2005); Carol, de Todd Haynes (2015), drama basado en la novela El precio de la sal, de Patricia Highsmith; The handmaiden (La doncella), de Pak Chan-Wok (2016), basada en la novela de la inglesa Sarah Waters, Fingersmith; y más recientemente Llámame por tu nombre, de Luca Guadagnino (2017), basada en la novela del mismo nombre, de André Aciman, son piezas de arte, más allá de la temática homoerótica.
De 2019, Retrato de una mujer en llamas (Portrait de la jeune fille en feu) es una película francesa, escrita y dirigida por Céline Sciamma. Protagonizada por Noémie Merlant y Adèle Haenel, compitió en el Festival de Cine de Cannes 2019 y ganó la Palma Queer, convirtiéndose en la primera película dirigida por una mujer en ganar este premio. Sciamma también ganó el premio al Mejor Guion en el mismo festival.
Retrato… también fue nominada para los Premios Independent Spirit Awards, Critics ‘Choice Awards y Golden Globe Awards a la Mejor Película en Lengua Extranjera, y fue elegida por la National Board of Review como las Cinco Mejores Películas en Lengua Extranjera de 2019.
En la Bretaña francesa, en 1770, Marianne (Merlant), una pintora brillante, experimentada y osada, recibe el encargo de hacer el retrato de Hélöise (Haenel), una aristócrata recién sacada del convento para casarse con un joven rico de Milán y así mantener la posición económica familiar, aunque no son precisamente de su agrado ni la boda ni ser modelo a pintar. A petición de la condesa, madre de Hélöise (papel interpretado por Valeria Golino), el trabajo debe ser en secreto, por lo que la artista plástica se hace pasar por dama de compañía. Así, durante el día, observa a su modelo sin que ésta se percate. Durante esta convivencia, ambas mujeres acabarán enamorándose y descubriendo la pasión que hay entre ambas. Es importante mencionar que por ser una artista (mujer), Marianne solamente podía pintar a mujeres: los modelos masculinos estaban vetados, y tampoco podía exhibir sus pinturas bajo su propia firma, por lo que debía escudarse en el nombre de su padre. Marianne, personaje ficticio, nos recuerda a otras artistas reales —como las italianas Artemisia Gentileschi o Sofonisba Anguissola— que rompieron cánones creativos y/o morales.
Hélöise y Marianne conviven y entablan una especie de amistad con Sophie (Luàna Bajrami), la doncella de la casa, cuyo embarazo no deseado termina en un traumático aborto. Con el tiempo, las tres mujeres eliminan las barreras intelectuales y de clase y se transforman en confidentes, aunque entre las primeras, la confidencialidad se transformará en pasión. Paradójicamente, es Hélöise, la monacal, quien enseña a Marianne, mundana y audaz, el metafórico fuego del conocimiento sexual.
Definitivamente, el excelente trabajo actoral de las protagonistas consigue sin más transmitir la intención de la directora. Ya antes, Adèle Haenel (en la vida real, expareja sentimental de Sciamma) había demostrado en Lirios de agua (2007), de la misma realizadora, su capacidad histriónica. Por cierto, en alguna entrevista, ésta señaló que ella había escrito el guion como una carta de amor “para Adèle”. Por su parte, Noémie Merlant convence impecablemente en su papel de mujer independiente y libre, aunque sepa que serlo traerá consecuencias que no serán agradables.
Retrato de una mujer en llamas, incluso siendo un drama, no centra su valor en la tragedia, sino en la fortaleza y dignidad con que estas mujeres descubren sus sentimientos en medio de una sociedad represiva, conscientes —desde el inicio— que sus caminos, tarde o temprano, tendrán que separarse. De esta manera, la directora hace hincapié que frente a las normas sociales nadie puede ganar y, sin embargo, filosóficamente, lo vivido nadie se los podrá arrebatar. Las protagonistas emplean con maestría las miradas, un lenguaje hierático para decir que se teme a lo desconocido, a lo prohibido, y a la vez se desea esa transgresión.
Puede afirmarse que hasta ahora, éste es el mejor trabajo de Célinne Sciamma, quien antes nos entregó —además de Lirios de agua— Tomboy (2011) y Girlhood (2014), lo que la confirma como una de las mejores directoras del cine europeo contemporáneo.
El ritmo pausado, la ambientación y escenografía esteticistas, el vestuario hermosamente diseñado y, especialmente, la fotografía de Claire Mathon (cada fotograma es una verdadera pieza de arte), hacen que los poco más de 119 minutos el espectador comparta —y se queme— con las protagonistas de ese ardiente amor subrepticio en una atmósfera finamente intimista.
Es la artista Hélène Delmaire la autora de las pinturas y bocetos que vemos en la película; son sus manos las que vemos en las escenas pintando. Otro dato importante es que la película —grabada en definición 8K, para conseguir la variedad de colores y un estilo contemporáneo— no tiene una banda sonora porque Sciamma decidió que la música proviniera de otros medios: en las escenas físicas es la cómplice idónea en la entrega amatoria de las protagonistas. La presencia masculina es nula, como una forma de revenge en esa sociedad castrante de poco antes de la Revolución Francesa, que —entendiendo el mensaje de la directora— no ha cambiado fundamentalmente en este siglo XXI.
Retrato de una mujer en llamas es una de los largometrajes más exquisitos de los últimos años, una intensa mirada al deseo y al romanticismo que, de la mano, nos acercan a ese cosmos femenino, eterno y universal. Definitivamente será una película de culto. Tropo

Svetlana Larrocha (Mérida, Yucatán). Periodista, escritora, editora y maestra de Taller Literario. Becaria de Jóvenes Creadores FONCA / CONACULTA (1998-1999). Premio de Cuento Erótico 1999 de la revista Mensajero. Se encuentra incluida en las antologías El vuelo de la rosa. Mujeres en la Poesía de Yucatán, ICY/Universidad Tecnológica Metropolitana, 2005; y Cuentos pequeños, grandes lectores (La minificción explicada a los niños), Instituto Mexiquense de Cultura, 2014; entre otras. Fue subdirectora de la gaceta Columba, y directora de Redacción de la revista electrónica El navegante. Actualmente, se desempeña como profesora de Español como Lengua Extranjera, y de Cultura Mexicana.