Ricos con pedigree

Por Miguel Ignacio Miranda

Los burgueses
Eugenio Aguirre
Planeta
2017
410 p.

Un día, mi santa madre, que en paz descanse y quien me enseñó un montón de sabiduría que no se aprende ni en la escuela ni en los libros, me dijo: «m’ijito, no todos los ricos son iguales, hay nuevos ricos y ricos de abolengo». Por el tiempo en que me lo dijo, yo andaría estudiando la primaria, en los 70, y los “ricos, ricos” no eran los avenidos de empresas y corruptelas como los Duarte, o los Borge, o los Peña. Los “ricos, ricos”, los de abolengo, los de pedigree, se cocían aparte. Desde luego, los políticos siempre han existido y aun en la primaria aprendí a distinguir a los hijos “ricos” de Moya Palencia o a la familia Echeverría, que llegaban en LTDs último modelo, seguidos por dos carros con guaruras. Sin embargo, los hijos de los “ricos, ricos”, los que tenían haciendas y latifundios, jugaban al futbol como casi todos en el recreo, y algunos hasta regresaban en camión de línea a sus mansiones. En el fondo, lo que mi madre me quería decir era que los “ricos, ricos” son diferentes y son muy pocos. Son aquellos avenidos por generaciones, a quienes desde el tatarabuelo les viene la opulencia, y esa, justamente, es la historia que cuenta Eugenio Aguirre (Ciudad de México, 1944) en Los burgueses.
Comienza con un personaje imaginario, Gastón Suplice III, comiendo una sopa de letras, saboreándola. Es un hombre que mide un metro noventa de estatura y su rostro está marcado por la altivez. Neurótico pertinaz, odia a los niños y no soporta el ruido, pero a pesar de todo, debe procurar a su descendencia. A partir de aquí, el autor se desgrana contando historias y anécdotas del México de los años cincuenta; desde las aventuras eróticas de su esposa, la señora doña Matilde Creel y Zuinaga, quien para ese tiempo es una revolucionaria del engaño erótico. Los años de adolescente de Gastón junior y su descubrimiento de una ciudad que va más allá de las Lomas de Chapultepec, así como su interacción con otros ricos, menos burgueses, que le enseñan otras realidades.
Tal vez, la mejor parte es cuando don Gastón Suplice se escapa a Acapulco para llevarle un encargo delicioso a su amigo Carlos Trouyet, aquel empresario mítico que a la postre construyera la Capilla de la Paz y su cruz monumental, ícono de Acapulco. En este punto, Aguirre acelera a fondo en el terreno de una crónica mordaz y divertida, en un periplo que si bien, tiene mucho de imaginario, resulta muy real, y no en sentido figurado. Aguirre, un profesional en el conocimiento de la historia, hace un relato imaginativo pero fiel del Acapulco que construyó Miguel Alemán, el presidente que convirtiera al país en el “Milagro Mexicano” gracias a su injerencia en ámbitos que fueron más allá de la política, debido a su gusto por la diversión, el turismo y las mujeres.
Es aquí cuando el escritor echa mano del historiador y lleva a la novela a su mejor terreno, involucrando personajes reales que conviven con la alta burguesía mexicana, como el imaginario Gastón Suplice: él y su familia interactuarán, convivirán y harán negocios con los otros ricos que cuidan su riqueza y posesiones como por mandato de su pura sangre. Porque la burguesía en México es un pequeñísimo grupo social; la oligarquía que al final de todo, hace negocios y genera riqueza que permea, más que nutrir, en otros sectores. La burguesía es muy ajena a la masa; tiene su mundo y sus modos, los demás son solo sirvientes o el atrezo de la vida cotidiana.
Los burgueses es una novela divertida y entretenida. Sin embargo, el peso de la historia reciente del país puede más y lo literario queda, para mi gusto, un tanto soslayado. Por momentos, los personajes sucumben ante sus circunstancias y aparecen inconexos entre sí, pero el chisme, como diría mi madre, ya nadie me lo quita. Tropo

Miguel Ignacio Miranda (Cd. de México, 1966) Diseñador gráfico, comunicólogo, publicista, editor, escritor. Profesor en la Universidad Anáhuac. Reseñista habitual de Tropo a la uña. Miembro fundador de Malix Editores. Correo electrónico: miguel@malixeditores.com